Descanso

Descanso en la infinitud de mí mismo. 
No hay nadie ahora, ni yo tan siquiera.
La noche vela en el crepitar de una llama. 
Pronto ha de llegar el sueño. 
No hay nadie en la infinitud de este instante. 
Todo sucede. Todo parece abrirse a lo sin nombre. 
Todo calla y es perfecto. 
Todo descansa, sin saber más nada, 
en la infinitud de nadie. 

Este momento

No hay más que este momento. Este momento para ser, este momento para darse cuenta. Y no hay que hacer nada para ello. Ser funciona solo, es tu naturaleza: y desde el ser fluye la existencia. Darse cuenta funciona también solo. Ahora mismo puede verse este momento que Es. Sin más, en la desnudez de ser todo queda desvelado.

Fluir

Permite que el espacio vacío, sin nombre, de la conciencia, acoja al corazón, en la inmensidad de un amor que envuelve el todo y hace fluir la vida con la naturaleza de su ser: libre y espontáneamente. 
Qué belleza dejarse llevar por el curso natural del río de la vida, movido por la fuerza fluyente de un amor que te guía confiado, sin saber nada, sin esperar nada, solamente abrazando lo que es, en la inocente mirada de lo esencial.

Meditación sin tiempo


Se escucha el murmullo del silencio en este instante de meditación sin tiempo. Vibra este momento en la plenitud de su presente, en su ser entregado a un continuo surgir de simultaneidades.
Todo sucede ahora, todo se origina ahora. Y el sujeto que observa desaparece en el no tiempo, en la no mente.
No hay sujeto, ni objeto, ni verbo. Solamente hay este ver arrojado a este momento, acaso suspendido en lo eterno.

¿Qué es la no dualidad o advaita vedanta?

Lo no-dual indica -al decir que no hay dos- que la realidad mental tal como se concibe (yo-tú, observador-objeto observado...) es una ilusión, un filtro que distorsiona la realidad esencial. Vedanta significa "conocimiento último", es decir, señala la conclusión final de la sabiduría de los vedas, dentro del marco del hinduismo, sosteniendo, por tanto, que la realidad última es no-dual. 

Textos como la Bhagavad Gita, las Upanidads, las obras de Shankara o más recientemente las palabras Ramana Maharshi o Nisargadatta, insisten una y otra vez en que nuestra naturaleza real está más allá de toda dualidad y con esto se incluye todo lo que pueda ser concebido por la mente y el conocimiento que de por sí es dual y con ello poco fiable. 

Sin embargo el conocimiento puede aproximarse -mediante la indagación u otros métodos propositivos- a la realidad última, al descartar, por ejemplo, lo que no somos. Al descartar que no somos la mente, que no somos lo dual, ¿qué queda? Si yo no soy el nombre ni la forma, ni este cuerpo ni la identidad psicológica que va asociada a él, ¿qué queda? Si yo no soy el tiempo ni el espacio, ¿qué queda? Acaso puede atisbarse esa realidad última. Sin embargo, aunque difícil de conceptualizar, en ningún momento está ausente o lejos de uno mismo pues, finalmente, es lo que somos, es nuestra naturaleza real que, más allá del velo de la mente, resplandece constantemente, en lo ilimitado y sin nombre, en la verdad del Corazón cuya elocuencia más sincera es siempre el silencio. Pues es ahí donde se expresa la claridad impronunciable pero evidente y omnipenetrante del Ser.


*Para más información sobre el advaita vedanta o no-dualidad puede consultar los siguientes artículos de José Manuel Martínez Sánchez en La Tradición:



Conciencia, corazón

La conciencia y el corazón forman  una misma dimensión de verdad y ecuanimidad. La conciencia está abierta, observando el mundo, sin juzgar, con atenta y amorosa mirada de acogimiento. El corazón es el  origen y motor que da vida a la conciencia, la conciencia de ser, que es amor, amor entregado a este instante, entregado por completo a cada momento sin tiempo.

Eres lo Absoluto

No eres lo que cambia, tu esencia no es impermanente. La conciencia ve sin identificarse con nada. La conciencia puede ver también al ego, que es quien se identifica. La conciencia tampoco es lo que eres sino algo que aparece y muestra este mundo cambiante. El testigo observa pero sabe que no es de este mundo. Su reino no puede nombrarse, ni siquiera imaginarse. Pero al mismo tiempo, lo es todo. El testigo lo es también de la conciencia. Y cuando la conciencia no estaba y no había nada que atestiguar, lo absoluto permanecía, innombrable, pero real y verdadero.

El misterio

Permite que el misterio te guíe, esa sensación antes de que llegue cualquier palabra, esa sensación que es vida manifestada, totalidad, energía... Escucha tu respiración, ahí se encuentra el secreto, el misterio que te anima y te conduce a tu propio ser. Pero no has de ir a ningún lado. El ser está y siempre ha estado aquí y ahora. Eso es lo que eres. Solamente hay una toma de conciencia que te permite darte cuenta de lo que ya eres. Y el misterio se hace presente, así como el sol brilla otorgando luz a este mundo, sin saber cómo ni porqué motivo esto empezó a suceder. Esto es el Tao, el misterio que sacraliza la vida y la envuelve, al mismo tiempo, de inmensa y secreta belleza.

Noble silencio

Presenciar este instante. Silencio. 
Un silencio de fondo lo penetra todo.
Las palabras resuenan
como un ligero manantial
y vuelven a su fuente,
a su origen innombrable,
allá donde la no-mente es soberana
en su silencio noble. 

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