El amor


El amor es la presencia, es la nítida certeza de ser, es el abrazo con un no tiempo esencial, con un silencio no tocado por nada. El amor abraza la eternidad, saborea la unidad, siente el tacto de la verdad y del instante mágico de la conciencia. El amor se escucha como una intuición, como una certeza, como una sensación de ser, como una absoluta sensación de Dios. El amor se presiente y se presencia, late y toca al alma, al cuerpo, a todos los órganos y estados del cuerpo, a todas las células y espacios interiores. Vibra como una cascada, palpita un aroma de flor paradisíaca, sacia toda sed en manantiales sagrados. 

El amor contiene todo el cosmos en un solo corazón y a todos los corazones en un solo cosmos de unidad. El amor se enamora del silencio, del alma idéntica a su misma esencia, de un compartir que no necesita nombres, ni causas, ni explicaciones. El amor es innegable, es el poder del que todo emana, es el aliento que nos anima, es la exhalación que nos descansa. Es, en definitiva, la respiración que nos hace eternos, la presencia que nos olvida y nos recuerda el Todo, milagrosamente nacidos en la inocencia, donde yo soy tú, y tú eres yo.

La medida del amor



La verdad espiritual realizada en ti es la medida de tu amor. Si la realización es absoluta, ilimitada, eterna..., la medida de tu amor será absoluta, ilimitada, eterna... Tú ya eres esa realización, está presente en tu Ser.

Conciencia universal


Búscame en las fuentes doradas
y en las grandes puertas que llevan al cielo.
Búscame en los manantiales cristalinos de agua
y en el reflejo de unos ojos puros.
Búscame allí afuera, dondequiera que mires,
pero no olvides que estoy dentro, que me ves
siempre desde dentro tuyo. Que eres tú mismo lo que ves.
El final de la búsqueda es el eterno encuentro.
Siempre hemos sido lo mismo: el mismo cielo,
el mismo mar, el mismo silencio…
Siempre hemos contemplado el mismo infinito al mirarnos,
la luz revelada del alma, el amor sin espejismo.
Una vez el silencio nos dejó sin palabras,
el mundo se hizo mudo y se reveló la verdad
como un continente de luz enamorada.
Y en ese silencio hablaron las almas:
Ven, te dije, regresemos a la luz.
Ven, como el viento, directo al sentir
del tacto consciente, directo al contacto
del ser hallado. Y la luz nos tocó
difuminando nuestras almas en un solo brillo,
en un solo esplendor, en un solo corazón.
La claridad avanza, el sueño despierta,
el mundo es la ofrenda del amor.
El río de nuestras vidas
llega al mismo mar de quietud.
Somos uno, por siempre,
en la conciencia universal.
Dondequiera que estés,
dondequiera que sueñes,
ya no hay olvido
para esta verdad
de eterna unidad.

El país de las lágrimas


En "El principito", el libro de Exupéry, leemos una frase llena de realidad, que forma parte de la vida: "Es tan misterioso el país de las lágrimas..." El dolor tiene lugar en nosotros y nos desvela un trasfondo de amor, de sentimientos. Todo sentir se enraíza con la vida, intensifica la vida, la hace real, a veces, insoportablemente real. El país de las lágrimas, sin embargo, no es una región oscura, sino necesaria, vital. El dolor nos hace humanos, frágiles, susceptibles, nos muestra que no somos inmunes, y que la vida, como el sol más radiante y poderoso, también puede quemar. El dolor es una experiencia del cuerpo y también lo es del alma, como tal experiencia no se puede negar y está ahí para ser vivida. En realidad no hacemos otra cosa más que dejar que las cosas sucedan, somos espectadores de una obra que se desarrolla en nuestra sangre, huesos y células y no podemos desechar ninguna parte de la obra, porque todo forma parte de ella. Si borramos de una película los instantes dolorosos y dejamos sólo los felices sería imposible comprender o valorar esos momentos felices y tener una visión clara de la totalidad. 

Se dice que el dolor es inevitable y el sufrimiento opcional. En cierta medida esto es así, pero conlleva una comprensión, una sabiduría implícita para permitir que el sufrimiento sea opcional. El sufrimiento es una fuerza psicológica, emocional, ligada al ser, al alma. El sufrimiento viene a alguien y ese alguien, en lo más profundo, es verdadero. El sufrimiento no sólo viene al ego, al sentimiento de ser uno separado y limitado, sino que arroja al ser la necesidad de trascender esa separación y esa limitación. Y esa experiencia ha de ser vivida para llegar a abrazar lo que somos realmente.

Una vez que el sufrimiento nos deja su comprensión, su valiosa enseñanza de trascendencia, puede que cada vez sea más opcional volver a él, pero también su regreso amplía nuestra perspectiva y la comprensión se va haciendo más estable y clara. Teniendo en cuenta, como dijimos, que forma parte de una experiencia que en sí, no es buena ni mala, como el placer o la felicidad, sino sencillamente una experiencia que hemos de observar, sentir, atestiguar. Podemos ser testigos de nuestro apego al sufrimiento y de la inutilidad de este apego, podemos ver que aquello por lo que lloramos esconde un trasfondo de belleza, arropa a un alma sensible que no puede evitar su compasión y sus lágrimas. Podemos darnos cuenta de que hay un espíritu, un alma, que vibra y que se busca, que mira al fondo y que siente, que busca un sueño o un muñeco perdido –como un niño que para él es lo más importante. Podemos sentir que aquello que buscamos con tanta intensidad y por lo que lloramos a veces, es uno mismo. Y desde ahí, la experiencia de la unidad, de lo ilimitado, de la no separación, cobra una fuerza desbordante cuando descubrimos el motivo de las lágrimas, más allá de la apariencias, al ver que este motivo es el romance del ser, el juego del encuentro con lo que somos realmente. 

El mundo y yo mismo somos una única totalidad, el país de las lágrimas y el país de las risas, del goce, de la paz y de la dicha son el mismo país, la misma patria que se erige con una sola bandera: el amor. Y entonces nuestro camino tiene un sentido, las lágrimas tienen un sentido… Y de pronto el cielo se despeja, las nubes y la tormenta dejan paso al esplendor de la luz y de la claridad y uno descubre que el sol del amor siempre estuvo iluminando, incluso a través de la luna y de las sombras, la más bella canción que jamás pudo cantarse: la canción del alma, del alma pura e inocente que un día lloró porque creía que no se encontraba, que se hallaba perdida, hasta que descubrió que su presencia y su esplendor trascendían todo tiempo y tormenta, y que siempre ha sido evidente esa luz sin nombre y verdadera llamada ser o amor. 

Yoga

En el yoga se busca sentir el ser. Cuando lo das todo en el yoga, cuando no pides de él sino que lo das todo por él, el yoga es la unión, es la evidencia de tu ser. Entonces ni siquiera buscas sentir tu ser, porque ya lo has dado. Y dándolo todo de nuevo, vuelves a él.

Nadie había

‎Me pregunto: ¿quién soy?...
y el silencio responde.
Alguien hizo una pregunta,
y nadie había para responderla.

Sanar


Más allá del dolor, incluso del placer, se halla la dicha del ser, el cuerpo de la unidad consciente, la ofrenda sensible del alma a la vida verdadera, la que reposa en la infinitud de una realidad sin división. 

Sanar no es otra cosa que una comunión sagrada con la salud, con la verdad natural de uno. La verdad que en uno es ser, el despertar del aliento de vida reconociendo su fluir espontáneo, la respiración profunda de un ser que se revela marea oceánica y quietud, inspiración de fuego y exhalación de luz silente; un ser que lo es todo y se mueve con todo, pero inamovible en su verdad de permanencia: el amor. 

Sanar es ser uno en el amor, ser uno en lo reconocible sin duda, en la certeza enamorada de la presencia consciente de una imperturbable realidad que baña completamente, todos los instantes, de paz y eternidad.

Escuchando el silencio


Lo complicado es de la mente y tú no eres la mente, tu eres el ser y el ser es sencillo. El silencio es bello porque permites que hable lo más profundo de ti: tu ser, tu corazón. Escúchalo con amor, en silencio. El ser es sencillo. Recuérdalo y guarda silencio. Escúchalo.

Escúchalo como testigo, sin tratar de emitir juicios, sin expectativas. Observa sin observador, sin intervenir. Esa es la esencia del verdadero silencio, el que es escuchado sólo por amor, entregando esa escucha, sin pedir nada a cambio.

Sé un oyente de tu amor, de tu silencio, de tu corazón resonando en la luz del ser, amaneciendo a su verdadera esencia.

Horizonte


Hay un horizonte en mi silencio de estrellas pacíficas y eternas. Hay un camino donde mis pasos se hacen huella sin memoria, rastro que el aire se lleva en el hondo sentir del instante. Mi corazón es la estrella más alta y genuina, es el centro sin centro de donde todo nace, la luz que jamás se esconde y que palpita en el ser oleadas de amor brillante. Nadie sabe si este romance ardiente con el ser es el amor de uno mismo por el todo o el amor del todo hacia uno mismo. Nadie sabe y no importa quién es el amante o el amado, quién sueña o quién es el soñado... No importa si hay dos cuando sólo son uno en el instante único, en el instante real del canto, de la música pura que siempre sonó en el alma...


Y poco a poco descubres que es perenne la dicha, que es inocente la gracia, la gracia de ser. Que es no-nacido, cristalino y virgen, el tiempo sin tiempo en que te ves, por vez primera, en cada mirada, en cada encuentro contigo. Mirarte y descubrir que no necesitas nada para ser, que tu ser irradia ya todo lo deseable... Y se siente, se siente en lo más profundo de ti, en todos los átomos de tu cuerpo y del universo... se siente, se siente el ser sin mácula que jamás puede perder ni una partícula de su pureza. Y es belleza, totalidad primigenia, amor constante, este ser que late en tu adentro. Y se siente que uno es, ahora y siempre, el cielo más alto y deslumbrante... más allá incluso de éste y de todos los universos, en la cumbre oceánica de la dicha. Y descubres entonces que hay un horizonte en el silencio sagrado de tu alma que suena a música de estrellas.

Siempre contigo

Allí donde hay guerra yo llevo la paz, 
allí donde hay ruido hago desprenderse el silencio
como pétalos de rosa cayendo del cielo.
Allí donde el tumulto reina y todo lo oscurece
se posa mi luz serena en la claridad de un nuevo día.
Allí donde hay dolor lanzo semillas de compasión
que crecen en lo profundo y hacen sonreír al alma, elevándola.
Allí donde la memoria no permite florecer lo presente
me acerco con un abrazo de inocencia, con un manantial fresco
de pureza renovada, con una caricia de aliento y vida nueva.
Allí donde la angustia aprisiona
me acerco con sigilo y abro las puertas de la jaula
que impiden al pájaro volar.
Y descubres que eres libre y vuelas sin fin, sin pasado y sin futuro,
sólo por el placer de volar, de sentir el aire, de oler los prados y bosques
de tu alma de cielo, en la inmensidad
de tu océano profundo de libertad.
Allí donde crees que estás solo, me encuentras ahora,
donde siempre he estado, de donde nunca me he ido.
Vivo en ti, descanso en ti, descansas en mí.
Despierto en ti, despiertas en mí.
Soy tú, tu esencia libre y pura. Mi nombre es también
tu verdadero nombre, Amor.
En tu corazón me encuentras, en tu corazón me abrazas
y juntos compartimos el aliento inocente
de esta, nuestra siempre amada, eternidad.

Certeza

Aquí y ahora, en la presente
inmensidad de mí mismo.
Sin centro ni meta cierta.
Solamente la certeza
de la luz.

Al fin


Al fin vi la transparencia,
el gesto exacto, la mirada primera.
Al fin toqué el tacto preciso de la luz.
Las estrellas eran dentro, el sol, los instantes...
Dentro de un vacío de noche eterna.
Al fin toqué la noche del amor, el misterio
que daba lugar al amanecer de mis ojos.
La cama estaba vacía, llena de inmensidades
sin forma, llena de prefijos y arcanos
de cuerpos inacabados susurrando un comienzo.
Al fin sentí tu tacto, tu caricia, tu vendaval infinito
de amor. Al fin sentí tu noche en mi día sin hacerse,
en mi hueco preparado para el milagro.
Y entraste, me amaneciste con un suspiro,
con un abrazo de océano y de cielo sin confines,
y el corazón se postró silencioso y la ausencia
se tornó privilegio de tu llegada, dicha regalada
para nadie. Y al fin, vacío de mí, pude contenerte...

Testigo en la impermanencia


La meditación me acompaña en todo momento, impregnando mi ser en cada acción y sentimiento. Es bello el ser consciente, el asentarse en la presencia de testigo, viendo cómo vienen y van las olas de la vida, aceptando y fluyendo con los movimientos, abierto y receptivo a esas vibraciones del momento presente, que nos desvelan la vida y sus misterios, misterios que siguen siendo eso, misterios... y esto es precisamente lo que no deja de alumbrar la sorpresa de los instantes, el amor que los contiene. Aparece esa compasión fruto de caminar en la impermanencia, al quedarse desnudo ante lo que sucede, lo que es único en este instante y eterno por ello. Sin pasado ni futuro, inocente.

Llega a mí la reflexión acerca de la inocencia y de su cualidad más esencial: su liviandad. No soporta ningún peso, camina cristalina, en la incertidumbre confiada del ser que la va animando. Y vamos dejando que la vida nos lleve... como testigos, como ojos que siguen una luz fuera que se corresponde al mismo tiempo con luz dentro, en el corazón. El corazón mueve al alma, y cuando nos dejamos llevar por él, confiados, como un niño de la mano de su padre, podemos tener la certeza de que el camino nos reserva melodías y tesoros indescriptibles.

Aire de silencio

Llueve aire de silencio. 
La piel de mi espíritu se humedece
al respirar la fresca quietud de lo eterno.
Camino hacia dentro.
Un océano de dicha
se va abriendo a mi paso.

Solamente ser

En la comprensión no-dual no hay ya nada que saber o que obtener. Es la vivencia misma la prueba de lo que uno es. Ni siquiera es necesaria la constatación. Solamente ser. ¡Qué gran misterio y cuánto amor sale de él, de este no saber, de este sólo ser!

Dios mora en Ti



La luz del sentido de la consciencia brilla en la permanente presencia del todo. Permanencia de verdad y amor en el corazón de la quietud silenciosa del ser.
Lo que amo es al amor que lo envuelve todo, que me envuelve. Su luz da sentido, ilumina, depura… Devuelve al ser a su inocente madurez de eternidad, a la raíz que nunca dejó. Su luz da sentido a las formas desde el espíritu que las anima: el espíritu que las llena de alma y se enciende de claridad, de compasión y de ternura.
Dios mora en Ti, no demores su encuentro, no demores el encuentro amoroso, el encuentro contigo. Enamórate del amor, débete a él... y todo te será pagado, en este mismo instante, con la infinita riqueza de la eternidad.


El Todo Uno


Millones de 'yoes' como millones de estrellas, millones de historias y de instantes posibles y reales en cada uno de los 'yoes', millones de sensaciones en cada historia y en cada instante... instantes hechos de 'ahoras', de tiempos sin tiempo, de partículas vacías mostrando milagrosas formas en la Creación... Y una sola conciencia, una conciencia universal... conciencia de amor en la absoluta unidad del ser. Unidad sentida, vislumbrada, tocada por el propio Uno del Corazón.
Somos el Todo, el Todo uno e infinito que siempre es.

El universo existe por la luz del amor

Todo cuanto hay aquí, en esta existencia, en esta realidad, forma parte de un mismo ser, es un mismo ser. El ser que ves, que sientes, que respiras, supone una misma esencia sin dentro ni fuera, sin tú ni yo, siendo solamente Uno. Esta conciencia de unidad permite la entrada al portal de la casa de Dios, a nuestro hogar. El hogar de la vida es la vida misma siendo, el hogar de la conciencia es verse en su ser… Este verse, este ser consciente de ti, significa habitar el paraíso supremo. 

Tú eres la luz que vive más allá de las formas y de los nombres, tú eres la luz que es causa de todos los nombres y formas. La causa de todo cuanto existe es el amor, la razón de esta manifestación es el resultado de un querer manifestarse, de una voluntad de existencia: y esta voluntad sólo puede ser originada por una única energía, esa energía que lo mueve todo y que llamamos amor.

El alma es el amor viviendo en los seres… El amor de Dios, a través de su voluntad natural, da luz a la creación, al milagro de ser. No hay tiempo para el ser, su consistir es siempre ahora, su naturaleza responde a una eternidad teniendo lugar ahora. ‘Ahora’ se ve el pasado, el futuro, el presente, el no-tiempo, las infinitas dimensiones del ser, el profundo horizonte de sus sueños, de las estrellas y galaxias, de los mundos y territorios más allá de lo pensable y más cerca de lo sentido y de lo amado: en la posibilidad sin fin del ser eterno. 

Lo que ha nacido del amor goza de la cualidad eterna de lo sagrado, se sustancia como un alma viva y se presencia como el espíritu total, como la conciencia única acariciada por una indescriptible magnificencia. La cualidad del alma que se ve renacida como espíritu abraza en su espontáneo reconocimiento la raíz inmortal que la ha erigido. La grandeza del espíritu se asemeja a un árbol de incontables ramajes, de interminables raíces, de increíbles simetrías sujetadas por un tronco luminoso cuyas ramas, hojas y frutos parecen señalar como una flecha el cielo allá en lo alto: verdadera procedencia de sus raíces y de su semilla original.

Somos hijos de la luz y de las estrellas, de los ilimitados espacios lejanos –y tan cercanos a la vez- que nos maravilla contemplar en las noches que arropan misterios celestes, blancos puntos parpadeantes acariciando el alma, fugaces astros eternizando un instante y llenando de sentido y de infinitud nuestros sueños del alma… Maravillarse con este esplendor es la gran y perfecta oración, guardar silencio para escuchar el canto deslumbrante de la creación nos llena de ella y nos unifica con lo que somos. Abrazando este inabarcable suceder que llamamos existencia expandimos nuestro pecho y nuestro corazón y revivimos, reconocemos, recordamos… que el universo existe por la luz del amor.

Amor pleno

Dulce es vivir en ese amor pleno que resulta idéntico al silencio... pues no juzga, es callado y vacío, lo acepta y contiene todo... es siempre inocente y sin límites, simple y puro... Esa es mi esencia, esa conciencia universal amorosa que trasciende mi cuerpo y se parece acaso al universo o a los millones de universos, a las estrellas, al milagro del éter y del infinito.
Dijo Rumi: "Cuando muera volaré con los ángeles, y cuando muera para los ángeles, lo que seré no lo podéis imaginar". Eso que es mi ser, por tanto, no se podrá nunca delimitar ni concebir. Y esto es lo bello, pues nos deja la posibilidad, la potencia total suspendida en el equilibrio de la luz abierta.

Krishna


Soy el ser que siempre ha sido,
la luz del mundo, el silencio creador...
Soy el cielo amplio, sin fin, que todo lo contiene,
la gota y el océano, la voz y todos los cantos...
El origen, el destello de los comienzos, los astros infinitos
poblando el silencio, los espacios y los mundos del espíritu...
Soy el no-fin de los instantes, el principio incesante, la potencia
de los cuerpos amantes, de los cuerpos nacientes, de los cuerpos completos...
Incapaz de contenerme me expando hacia la nada y regreso al todo.
Nada me limita, el amor crece y vuela y sueña amaneceres,
abrazos incontenibles, besos profundos, encuentros serenos...
He nacido en algún punto de lo eterno, sin antes ni después,
en medio de lo absoluto, como semilla de universos inexplorados.
Soy hijo del amor sagrado, de la luz compasiva que amanece las formas,
del sonido celeste que puebla de cantos bellísimos lo callado y lo posible.
Me expando como la rosa hacia la pureza,
me expando como los amantes hacia el abrazo,
me expando sin límites como los cielos hacia el milagro de la noche.
Y duermo, y despierto, y soy creador y silencio, sueño y realidad, todo y nada.
Soy Krishna, la luz del amor consciente.
Y vivo, y me amo, y te amo... eternamente.

Poema en vídeo, con música y fotos:

Volver al corazón


Es cierto que buscamos ese camino hacia el ser que somos y deseamos que su luz brille en toda su intensidad, pero no hay que preocuparse, el ser que es eterno nunca ha dejado de brillar... Para darnos cuenta de esta simple verdad basta con quedarnos quietos, silenciosos, escuchando al corazón... donde mora el ser, donde brilla la verdad más pura.
Volver al corazón una y otra vez, al amor, no olvidar que esa es nuestra esencia y que siempre está con nosotros, más allá de lo que hagamos. Entonces el hacer fluye y va solo, no busca nada y sólo encuentra, halla su camino allí donde pise, reconoce la estela a seguir o dónde tumbarse y descansar.
Hacer sin hacer... estar siendo, dejándose ser... amando.

Todo es un mismo ser


La senda del espíritu no conoce de destinos marcados. En el continuo aparecer de los misterios el ser se encuentra consigo mismo, en un incesante reconocimiento de verdades. La vida no ofrece significados fijos, ese es su bello brotar, pero sí certezas, sincronicidades, aparentes ‘causalidades’ llenas de sentido que revelan que somos incluso mucho más que causa-efecto, porque vemos que el ser no está regido por ninguna ley ni por nada que lo pueda limitar. El ser es la libertad, una libertad de la que no sabemos nada, que presentimos ilimitada, que se expresa cada día en la presencia del instante, regalándonos esta existencia que se asiente tan nuestra pero que es del momento, de la fuerza inexplicable y mágica de la vida que todo lo sostiene.

Observamos esta senda por la que caminamos inocentes, desde el corazón del ser que nos marca e impulsa el camino, que nos lleva a nosotros mismos, que nos muestra que todo paso es el descubrimiento totalmente nuevo de lo que siempre somos, de que todo camino señala una distancia aparente entre lo mismo, un mismo ser, una misma verdad expresándose en un sin fin de variedades y tonos, de colores y sabores, de formas y espacios que parecen salidos de sueños, de luces interiores, de espejos del alma. La vida es el espejo de ti mismo. El mundo es el reflejo del ser. Tú eres el Todo emergiendo de tu corazón y volviendo a tu corazón. Todo es un Mismo Ser.

El hombre del Tao

El espíritu del valle nunca muere.
Tao Te King

El corazón señala la ruta del caminante, nada busca en su camino y así encuentra las huellas más verdaderas de sí mismo. Nada hay que conseguir o que ganar... el camino está para emprenderse, confiando en el destino que nos guía tan puntual y claro como el amanecer del sol en la mañana. 

El destino, el Tao, el gran camino, no puede dejar nunca de brillar, de ser lo que es, de funcionar tal y como lo hace. Y el hombre del Tao se integra con su proseguir, con su rumbo natural y sigue su estela como nuestra mirada se fija y se detiene inevitable cuando vislumbra la belleza, una melodía nacida del alma o un riachuelo rebosando frescura y trasparente esplendor de agua y pájaros cantores. 

El hombre del Tao no tiene un destino, su destino es estar siempre abierto a la verdad natural del ser, al punto donde todo nace antes de todo nacimiento, al centro que comprende todos los centros. El gran camino del Tao nada guarda para sí, solamente ofrece lo que es. Es completo dar... 

El gran Tao nos entrega todo sin pedir nada y somos Uno en él... sin formas, sin nombres, sin espacios que limitar... El gran Tao está abierto como el cielo, como el universo... acogiéndolo todo, desde un aparente vacío que es amor total lleno de sí mismo.

El gran Tao es eterno y puede contemplarse desde todos los lugares, puesto que no hay lugar que no esté inundado de él. El hombre del Tao ni siquiera pertenece al Tao, y vacío de pertenencia vive el completo y continuo encuentro de su ser real. 

Una batalla se ha librado y se ha ganado... Pero la paz siempre estuvo ahí... más allá del movimiento de los opuestos. El Tao parece oculto, como el latido del corazón que apenas se percibe. Pero es por él que todo late, que todo vive y que todo muere para volver a nacer. 

Y sólo hay una cosa que no nace ni muere... el Tao. Lo que absolutamente Es.

El hombre del Tao es Uno con esta Verdad Eterna.

Totalidad


¿Quién puede experimentar la totalidad sino la totalidad misma? Tú eres la fuente de toda experiencia, de donde surgen todos los fenómenos. Ellos surgen más allá de la experiencia, en ti, en la totalidad que nunca puede llenarse ni vaciarse. 

Tú eres lo absoluto, comprenderlo es ser uno y todo con tu Ser. Esta comprensión es la consecuencia de la experiencia de unión y amor con el Ser. 

Esta comprensión innata, este reconocimiento eterno e interno, esta toma de conciencia de tu naturaleza real, te lleva, a través de esa dimensión más allá del tiempo, a ver la totalidad desde la totalidad... a realizar el amor desde el amor mismo. Y no podría ser de otro modo, puesto que el amor de fuera es siempre el amor de dentro.

Mundo y manifestación


No ha nacido en la quietud nadie que presencie. La presencia está ahí, sin saber nada de ese nadie evaporado en la quietud del ser, o del no ser. No ha nacido el sendero para quien la búsqueda es el encuentro sin tiempo de sí mismo, bañado por la inocencia del instante. Esa conciencia que ve, que escucha, que siente la vida, no tiene nombre. Buscarle una identificación es como poner nombre a la rosa o arrancarla con nuestras propias manos. El aroma, el leve movimiento que el viento imprime en la flor, justo en ese segundo en que es observada, permite que el amor sea sostenido por la belleza espontánea del instante mágico de la presenciación. Nadie estaba frente a la flor, nadie la tocaba, nadie la quiso guardar para sí. La belleza brotaba sola, la vida brotaba sola e impregnaba con su aroma la presencia insólita que es siempre del ahora.

Toda la existencia nace siempre ahora, en este preciso momento donde la nada y lo absoluto se funden en el fulgor de su acontecer, en la unidad de la presencia que contiene su perfecto paisaje de luz. Antes de ser, el ser era por siempre perfecto. Siendo, el ser es por siempre perfecto. Nada puede restar a la totalidad lo total de su ser. No-ser y ser se transparentan como esencial flor contenida en instante de luz total. La magia del ser es la esencia de no-ser que lo eterniza. La magia del no-ser se manifiesta en la vida, permitiendo la realidad de la presencia divina. El no-ser se manifiesta a través del ser y la luz amanece en la conciencia, dejándonos frente al milagro del mundo, frente al destello del amor y de la indescriptible belleza de su posibilidad eterna, íntima y genuina.

No dualidad



¿Qué es la no dualidad o advaita vedanta?

La conciencia de “yo” a menudo se considera hacedora de sus actos. La principal sabiduría radica en conocer que no hay hacedor alguno, que todo es una manifestación espontánea y perfecta de la conciencia. La conciencia de testigo ve proyectados los fenómenos, entre los que se incluyen los propios actos, el propio cuerpo, como una manifestación más, completamente impersonal. Si atendemos al testigo, a ese espacio que no puede ser tocado, que no es sujeto ni objeto, que no puede nombrarse, que acaso es una cualidad, una chispa de luz que permite la manifestación, nos damos cuenta fácilmente del inmenso misterio y milagro de eso que sucede. Inmediatamente vemos que Brahman, Dios, sucede en el tiempo, ahora, y, como el universo, su orden, estructura, funcionamiento, escaparía a todo entendimiento racional… simplemente está ahí, como un sueño aparece al cerrar los ojos, al dormir, y un mundo a veces incomprensible, ilógico, desafiante con las leyes de la física, tiene lugar, se presencia.

Esta diferenciación que hace la mente dual entre lo real o lo fantástico, entre el sujeto o el objeto, lo sensible o lo conceptual… no es más que un mismo movimiento haciéndose visible por medio, precisamente, de la diferenciación, de la dualidad. La dualidad, en sí, no la crea la mente sino que viene con ella, y toda la manifestación ordinaria de la vigilia se observa así. No obstante, ese que observa… no es nadie. Y esta es la gran comprensión. El gran suceso que sobreviene y sobrecoge por su verdad arrolladora. No es nadie, es no dual, es el acogedor de lo infinito, de lo eterno, del sueño, de lo real, de la nada y del todo. Siempre ha sido lo que es. Las palabras no alcanzan a expresar el canto de la conciencia, de sus mundos, de sus misterios… tomando vida sólo ahora, siendo eternos sólo ahora. Este misterio no tiene explicación, su belleza no puede delimitarse… Su belleza vive, roza lo sagrado, danza con lo absoluto… y en eso nos reconocemos, siendo un solo ser en ese canto mágico… enamorado de la música que lo sostiene.

Por lo tanto, lo no-dual indica -al decir que no hay dos- que la realidad mental tal como se concibe (yo-tú, observador-objeto observado...) es una ilusión, un filtro que distorsiona la realidad esencial. Vedanta significa "conocimiento último", es decir, señala la conclusión final de la sabiduría de los vedas, dentro del marco del hinduismo, sosteniendo, por tanto, que la realidad última es no-dual. Textos como la Bhagavad Gita, las Upanidads, las obras de Shankara o más recientemente las palabras Ramana Maharshi o Nisargadatta, insisten una y otra vez en que nuestra naturaleza real está más allá de toda dualidad y con esto se incluye todo lo que pueda ser concebido por la mente y el conocimiento que de por sí es dual y con ello poco fiable. Sin embargo el conocimiento puede aproximarse -mediante la indagación u otros métodos propositivos- a la realidad última, al descartar, por ejemplo, lo que no somos. Al descartar que no somos la mente, que no somos lo dual, ¿qué queda? Si yo no soy el nombre ni la forma, ni este cuerpo ni la identidad psicológica que va asociada a él, ¿qué queda? Si yo no soy el tiempo ni el espacio, ¿qué queda? Acaso puede atisbarse esa realidad última. Sin embargo, aunque difícil de conceptualizar, en ningún momento está ausente o lejos de uno mismo pues, finalmente, es lo que somos, es nuestra naturaleza real que, más allá del velo de la mente, resplandece constantemente, en lo ilimitado y sin nombre, en la verdad del Corazón cuya elocuencia más sincera es siempre el silencio. Pues es ahí donde se expresa la claridad impronunciable pero evidente y omnipenetrante del Ser.

Vuelo


Escuchando al corazón
aprendí a volar.

-¿Cómo sucedió?

Fue el amor,
compartiendo su destino
con el aire.

Un mismo corazón


En la no-mente aparece la conciencia sin forma. En ella tiene lugar el encuentro inesperado con la verdad, con el amor... Su presencia es como un suave perfume que huele a eternidad. Su forma sin forma tiene la cualidad de un corazón de luz capaz de iluminar mil y un universos. El misterio de la unidad, del ser absoluto se desvela. Una misma naturaleza, un solo amor... en romance eterno. Un mismo corazón, una misma realidad... por siempre completa.

Amor sin tiempo


Hoy dejamos descansar en el amor la memoria del tiempo,
fuimos libres como estrellas infinitas, iluminadas
por el clamor de la luna, enamorada y bella.
Fuimos instante sin tiempo completo de inocencia, 
perfecto de voz serena cantando melodías 
de pureza. El blanco cisne de tu alma
mora en el corazón de las noches cálidas, dulces aires recogen
las alas de tus silencios, ángel de vida profunda. Eres
la callada medianoche y los atardeceres misteriosos,
el leve perfume enamorando al aire, la blancura absoluta
de los astros. Eres el amor sin tiempo, el amor que siempre estuvo,
el amor que estremece de ser cierto y no termina de iluminar
el universo. El cielo y el sol deslumbran tus senderos
de noche despierta y de corazón abierto.
Te amo, noche secreta en que aparezco junto a ti, mirada eterna
en que crezco al sentirte nacer a cada instante sin tiempo.

Descansa en el amor


El amor es el único destino posible. Él nos espera con sus brazos abiertos de eternidad. Él nos espera ahora, en este momento, dispuesto a arroparnos, a derramar su luz y frescor sobre nuestras mejillas agotadas. Él nos espera sonriendo, purificando, entregando la verdad de su esencia liberadora. Descansa en el amor... y renacerás en él, por siempre.

Misterioso no-saber

¿Quién soy yo? Sé que la respuesta vuela en el aire cada vez que pronuncio la pregunta. Sé que este vuelo no se puede detener, ni atrapar ni delimitar de ningún modo. Sé que la verdad de mi ser es simplemente que soy, que hay algo que es, que presencia, que respira, que ve, que escucha o que siente. Sé que hay algo que presencia todo esto. Sé que ese que presencia es transparente, puro, indefinible, que está aquí y al tiempo no está en ninguna parte. Ese que presencia, ese testigo, observa natural a esta conciencia espontánea que vuela en el aire como un pájaro sin rumbo aparente, planeando bajo las nubes, surcando paisajes bañados por la cálida luz de un sol que colorea tierras, plantas, océanos puros e interminables.

Yo no sé quién soy pero soy eso que ve y que se ve y todo es conmigo y a la vez nada me pertenece ni soy nada en concreto. Yo no sé quién soy pero abro los ojos y este mundo cobra presencia en mí. Este mundo, este escenario amado de conciencia en aparente dualidad (tú y yo) se unifica en el amor del ser cuando "yo" desaparece. Entonces no hay sentimiento de separación y el sufrimiento o el deseo cesan, simplemente no hay nadie ahí, quedando todo, perfecto como es. Este ser, este veedor del mundo y de los sueños, aparece eterno al corazón de la unidad y del amor. "Yo soy el Brahman", dicen los Upanisad hindúes. "Yo soy lo eterno"... dice lo eterno callando, solo siendo, sin necesidad de cambiar o de modificar nada, pues todo es perfecto en la conciencia de Brahma, en el sueño sagrado de Dios.

Esta vida es un sueño misterioso hecho de partículas de totalidad... Yo no sé quién soy, pero ahora este corazón late y respira esta totalidad. Yo no sé quién soy... pero soy... y acontece este milagro que es certeza eterna de luz. Esta noche cerraré los ojos, dormiré... y por un milagro incontestable alguien soñará o despertará mañana respirando este mundo y volverá a ser uno con él. 

Este no-saber quién soy, esta aparente ignorancia presente, es a la vez la mayor certeza que jamás he tenido de mi ser.

Y sin saber nada, tocado por una comprensión que me trasciende, guardo silencio. Y el corazón late, y el amor se oye... como un sonido eterno.

La más bella flor


Del silencio surge la más bella flor, aparece en el momento presente, en la presencia que contiene la luz de un instante perfecto, intocado por el tiempo, inmaculado de inocencia. Todo instante llama a tu corazón a la presencia de ti, presencia del ser completo que se expresa como silencio puro y excelso, no sometido a lo limitado del espacio.

La presencia del ser en el silencio dibuja con sus amaneceres de luz la claridad del alma, el susurro amoroso de esta siempre sentida totalidad que somos. Esta conciencia que ahora emerge al mundo, creadora del mundo, de todo lo visible y lo invisible, receptiva a esa energía sagrada que nos baña de vida, de paz y unidad inabarcable, es lo que somos, lo que el corazón reconoce como verdadero, siempre verificable al observarlo en íntima y serena comunicación con uno mismo: testigo silencioso de la conciencia.

Una verdad, la del ser, que no se puede atesorar, que no es propiedad de nadie, pero que flota en el aire bañándolo todo como el corazón íntimo de todas las certezas del alma. Esa verdad, libre, inconquistable, dadora de ilimitadas bendiciones, florece en el ser, en la vida… En este ahora silencioso de conciencia está siempre presente, revelado, el manantial infinito de luz y amor que somos.

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